jueves, 29 de diciembre de 2011

Inmortal




Hace 60 años que soy inmortal. Algo que no esperaba que me sucediera pero hay cosas que pasan sin que podamos hacer nada por remediarlo, o  quizá no. La muerte vino a buscarme, pero nunca he sido puntual y no me encontró donde esperaba hacerlo. Mis días eran demasiado cortos y alcanzar tantos lugares en los que estar, era toda una proeza. Y así fue que la muerte se sentó a esperarme  en una hamaca que tenía en el patio de atrás, porque en los patios de atrás de las casas, es donde se espera todo lo que esté por venir. Era  octubre, de esos en los que el sol no sabe que ya no es verano y se la pasa calentando los rincones mientras el viento intenta enfriarlos. Entre  rayos de sol y  ráfagas de aire frío, la muerte se entretenía. Pero el día me parecía muy corto y aun tenía que correr a mil sitios para estar en todos y en ninguno y mientras la noche se acercaba, la muerte se marchó. Ahora tengo todo el tiempo del mundo, pero no puedo dedicárselo a nadie. Los demás se marcharon a su hora.  

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Palabras


Se detuvo unos instantes mirando aquel papel en su mano. Aquel pequeño trozo de celulosa, correspondía al tiempo que le había tocado vivir y solo a él le correspondía saber cómo habría de rellenarlo. Cogió la pluma y escribió las primeras palabras con una caligrafía exquisita, pero después de un par de renglones, suspiró y los tachó. Un poco más abajo, continuó con su caligrafía delicada, escribiendo palabras que le iban arrancando una sonrisa, pero que después de otro par de  renglones, empezaron a enturbiarle la mirada frenando su escritura. Volvió a tachar lo que había escrito y continuó más abajo. Después de un rato, ya no quedó papel para escribir.

jueves, 24 de noviembre de 2011

El niño huevo



El hermano de Juan nació de un huevo a la edad de  9 años, un día que llovían chuzos de punta. Juan supo que era su hermano porque su madre se lo dijo y porque la verdad, se parecían bastante. Era una persona peculiar, y no porque hubiera nacido de un huevo, cada uno nace como cree conveniente, de hecho yo nací de pie y Paulino, por cesárea. Era peculiar, porque aunque era tan grande como nosotros, no sabía nada. Bueno, nada, nada tampoco. Sabía andar, comer y jugar al trompo. Y nosotros a esas cosas, le damos mucha importancia. Lo que más nos llamaba la atención era que no sabía el nombre de las cosas y tras oírnos nombrarlas, él les daba un nombre distinto, o el que correspondía a otra cosa. Y así fue como a mí me empezó a llamar erizo, que yo pensé que sería por el pelo de punta que nunca conseguí peinar de forma decente, aunque podría ser por cualquier cosa y si no ¿por qué a la escuela la llamaba fábrica?  No hablaba mucho, quizá porque como decía palabras que nosotros asociábamos a cosas distintas, perdíamos mucho tiempo para hacer algo. Así que simplemente, hacíamos lo que queríamos y él nos seguía si le parecía bien. Al final, no solo lo hacíamos para que el nos entendiera. Cuando no estaba, también hacíamos lo mismo y nos dimos cuenta que perdíamos mucho menos tiempo. En el fondo todos solemos querer las mismas cosas y las palabras, a veces, no nos sirven para decir lo que queremos en realidad. Fue inevitable que poco a poco, el hermano de Juan se cansara de que otras personas que no éramos nosotros, no le entendieran. Se enfurruñaba y se quedaba de brazos cruzados cuando no le dejaban que anduviera libremente por ahí, nombrando a las cosas como le daba la gana y “haciendo”, cuando quería hacer algo. No sé por qué se convirtió otra vez en un huevo, supongo que le robaron poco a poco la movilidad con la que había surgido aquel día que llovía tanto.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Un ejercicio inconsciente en la Aritmética.



Hay personas que nacen para hacer algo extraordinariamente bien. A veces se dan cuenta enseguida y comienzan a maravillar al resto o ni siquiera eso,  lo hacen sin pensar que nadie más conseguiría hacerlo de igual modo. Otras, nunca lo descubren y otras, simplemente, se niegan a ser especiales o al menos a no serlo de la manera que se supone les sería más fácil. Una de esas últimas personas vivía en el número 15 de la calle Prados y había nacido para calcular todos los números que le alcanzara el tiempo y el interés. Agrupaba datos, hallaba la varianza, la desviación típica, el coeficiente de curtosis o las correlaciones espurias. Realizaba coordenadas polares, integrales, matrices, razones trigonométricas.  Y rellenaba montañas de papeles con cálculos infinitos, con números superpuestos y en todas las direcciones que los huecos de papel iban permitiendo. Era tan asombroso verlo calcular, que muchas personas iban a su casa y pasaban horas sentadas mirando como calculaba y calculaba sin parar. En una ocasión, alguien se quedó mirando a lo que estaba haciendo con el interés del erudito y le preguntó.

-¿Qué calculo es éste que haces ahora? No lo conozco, no sé qué estás calculando.

Él sonrió y siguió realizando cálculo tras cálculo, pero no contestó. No sabía cómo decir que solo estaba escribiendo música.


domingo, 6 de noviembre de 2011

Todas aquellas ciudades


Todas aquellas ciudades se erguían esbeltas, señalando con su maraña de antenas al cielo que las observaba en silencio. Un día, la lluvia comenzó a caer suave, mojando el asfalto que se volvió extraordinariamente brillante. Y todos se maravillaron porque el agua siempre deja un rastro donde uno se puede ver reflejado. Pero la lluvia seguía cayendo y fue robando los reflejos que el asfalto había mostrado  minutos antes. Poco después, las ciudades se fueron desdibujando, diluyéndose, deshaciéndose en regueros oscuros que iban a ninguna parte. Cuando la lluvia cesó, ya no había antenas que señalaran al cielo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

La Frontera

Un día se levantó de su silla de mimbre y comenzó a caminar en dirección a la frontera. Estaba cansado de su vida y le pareció que existía otra diferente -y sin dudas mejor- en ese lugar donde la gente se llamaba los otros. Caminó durante días enteros, atravesando también noches que duraban muy poco. Con el tiempo, los días enteros y las noches que duraban muy poco se fueron alargando y se mezclaron tanto que todo se volvió una tarde continua. Sin embargo, nunca llegaba a esa frontera y sus huellas iban quedando en el camino, grabadas, llenándose del agua que dejaba la lluvia que cada tanto caía y que servía de hogar a los renacuajos. Subió cerros, atravesó ríos, sorteó hondonadas, pero sólo encontró unas huellas que ahuecaban el camino, huellas de hacía mucho tiempo, de  cuando los días eran enteros y las noches duraban muy poco,  de cuando aún las tardes no se habían vuelto eternas. Supo entonces que había llegado a la frontera, donde, un poco más allá, lo esperaba una silla de mimbre ya desvencijada.

                                                           ..........................................

Entre las luces  de Humberto Dib y las sombras de Citizen_0, nace este relato. Espero que os guste y os animo a que visitéis los blogs de Humberto, estoy segura que os encantará leerle.

http://humbertodib.blogspot.com/
http://relatos-tres-de-un-par-perfecto.blogspot.com/

lunes, 31 de octubre de 2011

Sombras. (El tiempo)


 Fotografía de Patricia Guijarro

Me paré a contemplar un instante las estrellas y el tiempo siguió adelante sin mí. Ahora vivo  en un mundo desgastado, viejo, sombra de otro que brilla y luce más adelante. No recuerdo por qué no apreté el paso para alcanzarlo, pero creo que no hubiera servido de mucho, o quizá no me importó quedarme atrás mirando las cosas pequeñas. A veces, las personas del mundo más adelantado me hablan, pero no consigo entender lo que me dicen. Las palabras llegan lentas, pesadas y se quedan flotando en el aire aún cuando sus dueños han marchado hace tiempo. Tropiezan entre ellas, o forman hilos como el azul de metileno en el agua trasformándose en simples adornos sin sentido. En este mundo de rezagados, donde hay otros que como yo  se percatan de los detalles de las cosas, el tiempo nos ha dado la espalda por no seguir su ritmo. No quiero el mundo que brilla por delante de mí, prefiero las sombras que proyecta porque en ellas, no puede cegarme el sol.

jueves, 27 de octubre de 2011

El encuentro




Ellos avanzaban como un solo hombre, uniformados y con las armas dispuestas a ser protagonistas del momento. Rostros inquietos, demasiado inmaduros para estar en esa situación. Ella lo hacía en el sentido contrario, esperando el encuentro que ya había sido escrito mucho tiempo antes. Vestida de blanco levantó la mano y al cruzarse, fue dejando una señal invisible en muchas de las frentes.

lunes, 24 de octubre de 2011

La relatividad del tiempo.

No se puede pensar cuando dentro de tu cabeza solo hay polvo de galletas. Un tarro completo sobre los hombros, intentando no quebrarse mientras me subo con extrema inconsciencia a la mesa coja de la cocina. Muy arriba, allí es donde está el trozo de chocolate y donde tienen que estar las cosas que saben a gloria, cerca del cielo. Con los dedos de puntillas, siento las nubes que se arremolinan en mis rodillas peladas y adornadas con los últimos granos de arena incrustada. Más alto aun, parece que se alejara mientras sobre los dedos de un solo pie efectúo la posición de ballet más extraña del mundo. Y así, con una talla deformada por el estiramiento, consigo alcanzar la punta del papel que lo envuelve. Sin embargo el mundo sigue rodando. Mientras toda mi atención me tira del pelo hacia arriba, las nubes se asustan, abandonan las corvas de mis piernas y la fuerza del mundo me arrastra hacia abajo sin perdón. Pero tardo mucho en caer. Las cosas malas pasan despacio y  yo aprovecho para saborear un trozo del chocolate antes que se me quiebre el tarro de galletas contra el suelo.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Cuestión de tamaños

Cuando volvimos, comprobamos que la guerra había arrasado con nuestro campos de cultivo. Juan puso los brazos en jarra y dijo “Habrá que comprar una regadera más grande”.


(Receso necesario. Durante un tiempo, los personajes que habitan este lugar y aun no se han mostrado, permanecerán en silencio. El resto estarán a vuestra disposición siempre que tengáis un rato para dedicarles. Amenazo con volver, no hay que preocuparse, son cosas de la necesidad de focaclización de tarea. Nos vemos en un mes más o menos.)

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Todas aquellas personas

Todas aquellas personas creían que serían recordadas en el futuro. Pero descuidaron demasiado el presente como para dejar una huella interesante.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Sombras ( El olvido)





Corrían calle abajo vestidos de blanco, gritando y riendo  mientras la gente salía a la puerta para verlos pasar. Era un momento extraño, donde todo parecía ralentizarse y quedar flotando en el aire o en telas de araña brillantes y suaves. Cuando alcanzaban sus casas entraban en ellas, impregnándolo todo del aroma a ausencia que un día dejaron. Entonces sonreían y se llevaban las galletas del día de todos los santos, volviendo de nuevo  a la calle para seguir corriendo. Algunos no encontraban sus casas, porque el tiempo las había borrado de la memoria, o en ellas ya no estaban aquellos que un día se quedaron y no les siguieron al otro lado. Esos volvía cabizbajos, y aquella trasparencia que tenían perdía el brillo del principio, se enturbiaba y terminaba por oscurecerse y hacerlos muy pesados. Tanto que al final, no podían seguir el paso de los demás que se alejaban y los dejaban casi arrastrándose tras la estela de los más rezagados. Finalmente se quedaban quietos y al final del día, se alargaban como las sombras que dejaba el atardecer, mezclándose con ellas y perdiéndose entre las piedras.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Microinvitada

Adivín me eligió como microinvitada a su blog Diario de Incontinencia junto a Su . Ambos saben usar las palabras tan bien, que me siento especial por estar junto a ellos. Elegí el relato Se marchitó porque el niño que se deshacía en polvo, me estaba tirando del brazo para que lo eligiera en un descuido de la sombra de niño, que estaba jugando en un rincón. Ya sabéis, los niños tienen estas cosas ;).

Os animo a que visitéis sus blogs, son lugares donde merece la pena perderse.

Vuelta de vacaciones, así que a ponerse las pilas!!.

Gracias Adivín.

martes, 30 de agosto de 2011

El trueque



Siempre mirábamos a los lados del camino para pasar, a sabiendas que nadie lo hacía desde hacía muchos años. Las costumbres no se pierden, tampoco los sueños, solo los cambiamos. Por eso aquella tarde al borde del arroyo tumbados mirando las nubes pasar, comprendí que tus sueños no te hacían justicia. Te miré y agarré tu mano para hacer un trueque.

-Tu sueño, ahora, será encontrar la felicidad.

A cambio, yo me quedé con el tuyo, quedarme conmigo.
 Desde entonces me hago compañía mientras miro a ambos lados del camino para cruzar al otro lado, a sabiendas que nadie pasará por allí, porque hace muchos años que nadie lo hace.

jueves, 25 de agosto de 2011

Non terrae plus ultra


Era el mayor terror que podría embargarle, el saber que llegaría al final y no podría seguir adelante. Hay mundos demasiado pequeños en los que habitar, o personas demasiado grandes. Comenzó a caminar más despacio, no demasiado acusado, solo un poco, cada vez más eso sí. Al tiempo miraba menos al frente y más hacia abajo, también lentamente pero sin remedio. Al final se hizo un ovillo y se quedó en el medio del camino. Tiempo después se convirtió en una piedra que estorbaba a los que aún miraban al frente y no habían comenzado a bajar la mirada. Las piedras del camino, suelen ser antiguas ilusiones que se convirtieron en desconsuelo por cobardía.

domingo, 21 de agosto de 2011

Inconvenientes.


Toda genialidad tiene inconvenientes, por eso no nos extrañó que empezara aquella relación. Era de esperar, todo lo bueno, merece estar por encima de la media. El problema es que el éxito, con frecuencia, se paga con la moneda de la genialidad inicial. Ahora vive en un chalet de La Moraleja, pero hace tiempo que murió.


viernes, 5 de agosto de 2011

Sombras ( El miedo)



El miedo no es libre, en realidad es un preso sentenciado y condenado a nuestra compañía. En cuanto lo conocemos nos empeñamos en retenerlo y alimentarlo para que crezca y crezca y así llene todos los vacíos de nuestras vidas. Tanto que en ocasiones hacemos que se reproduzca y así podamos tener no solo uno, sino dos, tres e incluso más.

Yo tenía uno, no recuerdo desde cuando. Era una sombra que me acompañaba a todas partes, resignada a ser arrastrada por todos los lugares que a mi me parecía pertinentes visitar. No concebía la vida sin él, la verdad. Pero un día lo escuché sollozando casi en silencio, angustiado por mi eterna compañía y decidí abrir la puerta para que marchara. Al principio como un pájaro de muchos años enjaulado, se quedó en el umbral, mirándome extrañado por si le estaba gastando una broma. No se dio la vuelta cuando marchó, pero seguro que sonreía.

viernes, 29 de julio de 2011

Por una cuesta empinada.




-¿Qué pasa cuando te mueres?
-¿Qué?
-Que qué pasa cuando te
-¡Tómate la leche y no digas tonterías, que vas a llegar tarde a la escuela!

Bajó la mirada al cuenco tupido de galletas y lo terminó en silencio. Después se levantó, cogió su atillo de libros y salió por la puerta. El camino a la escuela era una cuesta empinada que a él le tocaba bajar para llegar y subir para volver. Cuando se había quejado de lo cansado que era volver de la escuela, su madre le dijo que era lo mejor. De haber estado en sentido contrario, no llegaría nunca a clase. Su madre tenía respuestas para todo menos para la pregunta que le había hecho por la mañana. También tenía pañuelos para la cabeza de todos los colores. De vuelta a casa su padre estaba mirando el periódico.

-¿Ya se ha ido mama a trabajar?
-Si
-¿Qué pasa cuando te mueres?
-No sé, no me he muerto nunca ¿se lo has preguntado a tu madre?
-Claro, fue mi primera opción.
-Ahá.

Su padre siguió leyendo, no tenía respuestas para nada, tampoco pañuelos. Marchó a la calle a jugar. Se bañó y cenó lo que su padre le había puesto en el plato. En silencio, su padre no era de muchas palabras y las que tenía no solían servirle de mucha ayuda. Le dio las buenas noches y se marchó a su habitación.

-¿Ya estás seguro?
-No, nadie me ha respondido.
-Te lo dije, pero te empeñaste. ¿Qué hacemos?
-Nada, llévame, no creo que sea peor que subir la cuesta para solo ver a mi padre leyendo el periódico.