Andrés es un importante ejecutivo de una multinacional. Completó sus estudios en una prestigiosa universidad inglesa y ahora se dirige a una reunión muy importante. De esas en las que uno piensa que puede cambiar su futuro con un ascenso, una prima, un destino ideal. Mientras entra al ascensor, desconoce que a miles de kilómetros de allí en Kobi Fora, los restos de uno de sus antepasados, de cuando los albores de la humanidad, se esconden en la sedimentación con los signos de los mordiscos de sus congéneres.
Al pasar por el décimo piso, a orillas del Amazonas, un jaguar dormita sobre 2 metros de tierra que ocultan los restos de Juan de Antúnez, antepasado de Andrés de cuando descubrieron América, que encontraron descanso( o lo ofrecieron) tras toparse con una tribu caníbal ya extinta.
Al saludar a Jorge, el de contabilidad, una prima lejana de Andrés, descendiente de los judíos que salieron de Toledo y emigraron a los Países Bajos, enterrada en un jardín trasero de un imitador de Armin Meiwes, recibía en lo poco que quedaba de ella, el abono para las rosas como cada temporada.
Andrés abrió la puerta de la sala de reuniones, el resto de ejecutivos, directivos y gerentes estaba esperando su entrada. El director general sonrió ampliamente mientras ojeaba el informe sobre los candidatos al ascenso.