viernes, 29 de abril de 2011

Totemismo

El grupo de osos eligió de totem al hombre...y destruyeron el mundo.

Muy pequeño.

Desde el primer momento se dieron cuenta. 

Nunca dejaría de ser muy pequeño. Quizá por eso construyeron un mundo a su alrededor para que nada lo dañara.
Guardaron todas sus sonrisas en un álbum de color azul y sus días en un palacio de cristal que llenaron de algodón dulce, palabras sencillas y caricias.
Pero olvidaron el ángel de mármol del jardín, el único que parecía tan pequeño como él. Y por eso, una noche fue a buscarlo. Le toco la mejilla de piedra y estaba tan frío, que lo abrazó y decidió dormir aquella noche junto a él. Le daba tanta pena verlo tan solito en el jardín con toda la nieve alrededor, que no lo podía abandonar. Tan callado estaba cuando lo encontraron, que…

desde el primer momento se dieron cuenta.

jueves, 28 de abril de 2011

Lo que la lluvia esconde

Siempre lo he sabido, es una de esas cosas que conoces desde que tienes uso de razón. Es algo espeso, que se alimenta de vibraciones y pensamientos que flotan en el aire. Miro por una ventana y lo veo, transparente pero turbio a su manera y denso, muy denso. Como cuando miras a través de gelatina neutra. La gente camina agazapada bajo los paraguas, y sus rostros parecen derretirse cuando dejo de mirarlos. Si pudiera mirarlos  durante más tiempo, vería que son masas deformes que se mantienen lo justo para pasar desapercibidos.  Empecé a reparar en ello cuando alguien dijo de la lluvia y la tristeza pero no era cierto. No hay tristeza, solo una sensación de vacío porque hay algo en la lluvia que te roba plenitud y lo devora a escondidas. Ni el humo escapa a la fina lluvia de agua del sur o los torrenciales mares que caen del cielo en la costa occidental. Tiende a alimentarse, como todos.


Pocas veces salgo ya cuando está lloviendo. No entiendo a la gente que lo hace solo por el placer de que la lluvia caiga sobre ellos. Cuando salgo, procuro mantenerme a cubierto, porque no quiero que me toque, que me roce, ya es bastante con la humedad que deja en el aire. Pienso que esa humedad es su red, como si fuera un marinero que pesca en aguas tranquilas, incautas, desesperadas al fin y al cabo.  Caminar por la calle mirando al suelo, es lo que más gracia le hace, bajamos la cabeza para no mojarnos ¿?  nos cubrimos con las manos la cabeza. Si ,se ríe mucho de nosotros. Si te fijas bien, puedes ver cómo se ríe en los charcos, solo que cuando llegamos a ellos los pisamos y deformamos la imagen, pero está ahí, mirando como pasamos y agarrándonos los tobillos con sutileza.


Gelatina, siempre pienso en ella cuando miro por la ventana. La gente parece atrapada en el exterior en una gelatina que lo ocupa todo, como en ámbar, pero sin ese toque amarillento. Todo se ralentiza y es porque se les está escapando la vida mientras lo que la lluvia esconde, la mastica despacio pero irremisiblemente. Y eso es lo que más terror (me) causa, porque esperas algo salvaje, irracionalmente violento, pero no es así, es terriblemente continuo y tranquilo, Si pudiéramos escucharlo sería como el sonido que producen los ratones detrás de la pared, un continuo roer sin descanso. Al final no le quedará nada que roer, morirá de inhalación y la lluvia cesará para siempre.

Pero hoy, sigue lloviendo.

miércoles, 27 de abril de 2011

Desconectado

La enfermera levantó la vista de la carpeta, por encima de unas gafas que se sostenían con determinación en la punta de la nariz. Fueron unos tres o cuatro segundos de silencio incómodo que terminaron con un carraspeo intencional de otra enfermera que me indicó que la siguiera. Mientras me alejaba de la recepción del hospital, aun sentía las garras de unos ojos que se mantenían presos tras  cristales de 4 dioptrías , pero que amenazaban por encima de la montura con una serie de preguntas cuyas respuestas, no le incumbían a nadie.
Aquel lugar era tal y como podría imaginarme que sería. Frío, distante, aun más impersonal con los cuadros de paisajes diáfanos en las pareces de color verde manzana. Olía a algo que siempre relaciono con la desinfección extrema, algo que debería llevar en la etiqueta: “Eliminamos hasta las buenas intenciones”  y que nunca me da la sensación de librarnos de todo mal. Solo oía los pasos de mis zapatos, los de la enfermera sabían cómo esconderse en ese ambiente estéril, y se me encogió el corazón de pesar que aún se mantendrían suspendidos unos segundos a una frecuencia inaudible . No me gustaría ser ese sonido y permanecer abandonado ni por un instante en ese pasillo. Sacudí la cabeza para alejar pensamientos absurdos.

En el final del pasillo, un salón vacío, con ventanales altos y estrechos que mostraban un mundo en el que el tiempo no se había detenido. Tan vacío me pareció, que no me di cuenta de que había encontrado lo que buscaba.

-Está ahí, en el rincón. No habla, pero eso no quiere decir que no lo haga usted. Nos gusta pensar que nos escucha.

Fue como si apareciera en ese instante.
De la enfermera alcancé a ver la espalda cuando se marchaba, de Rubén, esperé a que la memoria me diera alguna pista de quién fue. Mis pasos sonaron más insolentes en aquel lugar, parecía que se despegaran del suelo y se dedicaran a chocar estrepitosamente entre las paredes mientras me acercaba. Me sentía culpable, necesitaba discreción. Cogí una silla y me senté en frente.

Rubén miraba por la ventana pero no me pareció que estuviera viendo nada.  Comprendí lo que significaba la expresión ojos vacíos en ese mismo instante. No había nada allí, ni recuerdos, ni deseos,  ni miedos, ni alegrías. Solo las pupilas marrones fijas en el cristal. Alguien se lo llevó y nos dejó una carcasa decadente, que presumía de más años de los que en realidad cumpliría el 21 de marzo.

-Rubén.

Y el silencio contestó por él y me sonó a reproche por la larga ausencia.

Mutismo, no dije más, si él no podía estar en mi mundo yo iría al suyo, hasta que la enfermera me sorprendió por la espalda con un “El horario de visitas ha finalizado”. Asentí, me levanté y la seguí sin mirar atrás. Era difícil moverse en ese mundo en el que yo solo era un invitado ocasional.

-¿Nunca habla? 

-No. No necesita hacerlo en donde está. ¿Volver de cuando en cuando? Si, ha pasado, pero es muy cruel despertar por solo unos segundos y ver en lo que te has convertido. La lucidez periódica es la muerte en vida.

En ese momento desee que mi visita no le hubiera despertado ningún recuerdo.

lunes, 25 de abril de 2011

Ligeramente tumbadas hacia la derecha.

Ataba las palabras al papel con su tinta roja.  Se iba deslizando sin mirar atrás porque sabía que ellas le estarían mirando. Ligeramente tumbadas hacia la derecha. Con un lamento acumulativo y desesperado que quedaba amortiguado poco a poco hasta que al final, se enmudecía para siempre. Después, alguien las leería en voz alta, pero él, sabía que nunca sonaron así.

domingo, 24 de abril de 2011

A la moda.



Abrió el armario de los sentimientos y se puso algo acorde a la situación. Un ajustado pret-a porter de indiferencia. La moda del nuevo milenio, había llegado a todas partes.

miércoles, 20 de abril de 2011

Inmaculado




Nació tan rápido, que lo que nos hace humanos, se lo dejó en el útero. Quizá por eso siempre lo vi tan inmaculado y brillante. Pero duró poco, las personas así no tienen pilas suficientes para durar en este mundo. Me gusta pensar que fue feliz, aunque nunca encontró las palabras para contármelo.

martes, 19 de abril de 2011

Rincones oscuros.

Ya no es tan fácil como antes, lo de tener los ojos abiertos, digo. A veces es difícil entenderme, lo sé, es como si todos tuvieran que saber parte de una conversación que yo solo esbozo con algunas palabras. No importa, solo lo hago por el convencionalismo de ser una especie con el don de la comunicación. No todo el mundo entiende que una conversación con uno mismo, no es algo tan descabellado. Pero tú si me entiendes, siempre lo hiciste.
Antes competíamos por ver quién veía más, hasta que al final, necesitamos  que todo se oscureciera y ya no nos gustó tanto la luz. Creo que fue entonces cuando me acostumbré a dormir boca abajo. Ahora me escondo  del día y busco los rincones como si fuera una araña que quiere atrapar insectos inexistentes. Pero nosotros no pensamos en eso ¿verdad?. Nos escondemos en esos rincones y tejemos. Solo nos llega el sonido de Effigy,  siempre nos gustó la Creedence, nos enseñó a mirar el fuego ¿recuerdas?.
Ahora no busco imágenes con los ojos, la verdad es que se han convertido en una traba para lo que queremos ver y a veces creo que terminaré por vendarlos. Pienso que igual y tú, ya te los habrías arrancado, siempre fuiste tan tremendista…
Ya no hay carreteras largas y tortuosas que recorrer, solo rincones en los que apolillarse con los ojos cerrados y la mente abierta en canal. Solo rincones. Me gustaría que estuvieras aquí. Effigy  sigue sonando para los dos, las canciones no saben de ausencias, son eternas y siempre hay algo que las hace nuestras, porque sabemos que hablan justo de nosotros. Me pregunto si tú también la oyes. Hace tiempo que creo que sólo suena en mi cabeza, en algún momento sonó en algún reproductor, pero ahora suena diferente, como con brillo y con un eco perenne que la hace más envolvente. Suena tan distinto ese ¿por qué?. Creo que alguna vez lo he oído repetirse muchas veces, pero no he podido contarlas, cuando pienso en ello desaparece  el bucle y vuelve a empezar por el principio. Pero creo que puede estar horas repitiendo esas palabras como cuando escuchábamos vinilos que estaban rayados. Es curioso, muchas veces se repetían en palabras que necesitabas escuchar en ese preciso instante, debe ser eso del mensaje oculto de la música.  
¿En tu rincón suena eternamente Effigy?



lunes, 18 de abril de 2011

La Vía Vieja

Estamos gordos. Si, lo estamos y nunca había sido así, al menos yo no me había dado cuenta. O quizá sea cosa de la moda, pero estamos gordos. Lo dice la televisión, los programas esos de la mañana en la que la gente llama y recita sus síntomas como si recitara la tabla del 4. Se nota que lo hacen mucho en la cola del ambulatorio mientras esperan.
-Me duele aquí, justo aquí entre la cintura y la costilla, cuando ando.
-Eso mismo le pasa a mi cuñada y toma Ibuprofeno cada 8 horas.

No entiendo para qué esperan, ya tienen diagnóstico y tratamiento. Pero siguen esperando mientras tú, que no vas nunca, piensas que deberías haber traído algo para leer. Así que coges el móvil y descubres que tiene un juego de coches. Y no muy bien terminas de rellenar todo lo que te pide para empezar y eliges un coche de color verde botella, porque otro no te dejan coger hasta que no alcances más nivel, te das cuenta de que no tienes narices a mantener la lechuga esa en el circuito. Así que lo dejas y miras una foto de  un cuadro que hay enfrente y que firma Monet. Pero no dejas de escuchar las conversaciones de tu alrededor y terminas por jurarte que hasta que no se te caiga la cabeza, no volverás a pedir cita. Por si acaso y no sea que tengas colesterol o algo así, decides ir a caminar después del curro.


No iba a ir solo así que me llevé a mi hermano, que también se veía gordo. Aunque él sí que estaba gordo, ni modas ni modos. Decidimos atrochar por una zona donde no tuvieras que ir saludando todo el rato. Ya se sabe, esto de pasear para hacer “deporte” ha causado furor y a todo cristo le da por caminar a la misma hora y por los mismos sitios. Y qué curioso, los ves uniformados para la ocasión, alguno tiene hasta un reloj de esos que miden las pulsaciones, te dicen la cantidad de colesterol y grasas que quemas, pero no tienes narices a ver la hora que es. Yo que aun llevo un Casio, de esos que comprábamos en los moros y que traía luz y calculadora, no me veía en la “onda”.  Así que decidimos buscar un lugar más solitario y se nos ocurrió la vía vieja. Hace tiempo, y quien dice tiempo, se remonta a principios del pasado siglo, comenzó un proyecto para una nueva vía del tren que no terminó de cuajar, pero que dejó parte del recorrido realizado. El tiempo se había encargado de cubrirlo de maleza y de basura, bueno, lo segundo no era culpa del tiempo. Y esas cosas de la vida sana, al final terminaron por pensar en reciclarlo como camino verde. No era mal lugar para andar y además mi hermano lo tenía pateado de pequeño con la pandilla. Creo que se rompió la muñeca allí.

-¿Dónde mandarían toda la basura que había debajo de este puente?
-Pues debajo de otro puente.
-O enterrada para que se transforme en petróleo para el futuro.
-Si, en un futuro donde todos los coches sean eléctrico y nos agradezcan que les hayamos llenado el subsuelo de mierda.
-Si, bueno.

Comencé a imaginarme el futuro, un lugar donde yo no andaría por ninguna vía, ni esperaría en un ambulatorio lleno de jubilados de anteriores trabajos pero no de la medicina. Me dio vergüenza y lo dejé. Recordé cuando por el año 85, a quince del 2000, pensábamos que para el nuevo milenio, los coches irían flotando sobre el suelo, que vestiríamos con papel de aluminio o con monos de cuero, o algo parecido a  Blade Runner. Vaya mierda. Bueno, Lady Gaga hace lo que puede.

-¿No fue por aquí por donde te rompiste la muñeca?
-¿La muñeca? Yo nunca me he roto la muñeca, me rompí la clavícula.
-Bueno, pues eso.
-No sé, no tengo muchos recuerdos de esa época.
-Joder, me he tragado un mosquito.
-¡Escupe, escupe!.
-Vale, que parece que más que escupa me quieras sacar la espalda por la boca, no me pegues más.
-Qué quieres, a saber qué mierda ha pisado aquí cualquier bicho.
-Pues menos mal que no se me metió en el ojo, capaz y me lo sacas.
- Me parece que esto de la vida sana es un peligro.

Nos dimos la vuelta y nos tomamos una cerveza antes de llegar a casa, pero light.

Perestroika

La primera vez que le vi, fue a pocos centímetros de mi cara. Los dos íbamos a lo nuestro hasta que nos chocamos de frente y cruzamos un apretado disculpe. Claro que el mío sonó más a “mira por donde andas”. Pensando en aquel día, ahora, me doy cuenta de lo mucho que había cambiado para aquel entonces. Cosas de vivir en la gran ciudad, que eres poseído por un ente al que llaman estrés y que desarbola a un ingenuo chico del medio oeste. Después lo vi varias veces más y comencé a llamarlo el “astuto barrendero”, gracias a mi buen amigo Dean que se había fijado cómo de lejos ya se había quitado de mi camino para no(volver a)  tropezarnos. En el fondo me sentía complacido de no tener que pasar cerca de él. Ya se sabe, esa gente anda con basura, huele a basura, son basura y un traje de 500 dólares no está para restregarlo contra ciertas cosas. El caso es que no estaba mal andar por una calle limpia que te llevaba de cabeza a Wall Street de la misma manera que no estaba mal ganar pasta en Northon & Northon. Cada uno está destinado a un cometido y lo cumple rodeado de una serie de factores que van anexos a él. Mis anexos venían en bolsitas y los vendía un tipo que se pasaba por el aseo del Donner´s . También él tenía su cometido, tampoco hacía falta que se acercara mucho a los 500 dólares del traje.  Los de aquel tipo serían, supongo, una botella de vodka y una ristra de hijos pegados a una rubia tetona de 1.80, alguno con firma de Chernobil incorporada. Siempre pensé que era ruso o ucraniano.

Una mañana no estaba, ya me había acostumbrado a verlo al pasar. Nos manteníamos a distancia, alguna vez me pareció que me miraba, aunque nunca le vi hacerlo. Era solo esa sensación, como cuando miras después de deslumbrarte e intentas focalizar ese halo rojizo que no hace más que moverse. Una sensación de retardo. Llegué  a mi despacho de la 6ª planta, tampoco Dean apareció esa mañana. Luego supe que estaba en comisaría por haber atropellado a un tipo de camino a la oficina. No me extraña, la noche antes pasamos tres veces por el aseo del Donner´s con alguna excusa que no consigo recordar. El tipo murió horas después. Era un ingeniero nuclear ruso, Yuri “nosequenco”, todos terminan en enco o en of. Alguien dijo que le sonaba el nombre, de proyectos de esos que salen en el Nacional Geographic y que todos dicen ver. Pero eso fue antes del 87, antes de Gorvachev.  Ahora, se ganaba la vida como barrendero. No se, daños colaterales del capitalismo supongo.


domingo, 17 de abril de 2011

Miedo ( Memoria, Dolor, Muerte)

MEMORIA

Mi mente es un entramado tirante de comunes gomas elásticas. Cada una enlaza una parte de mi mente desde el principio de mi vida. Unas sobre otras, apostadas hasta el más recóndito rincón. Gomas que nunca pierden su elasticidad, solo aguantan el tirante trabajo encomendado hasta que se rompen con un chasquido seco. Una a una van saltando, provocando una reacción en cadena, como si con ello pudieran conseguir una precaria comunicación a base de únicos y finales chasquidos que explotan en el vacío que van dejando en mi cabeza. Cada chasquido hace desaparecer un recuerdo que la goma apresa y se pierde como globo de helio sin cordel que lo ate al suelo. Uno a uno se esfuman, sin dejar rastro, solo un punto de luz que desaparece casi al instante.

Tengo miedo de la última imagen, la última goma y el último recuerdo. Aquel que me ata a la realidad y que me perderá en el vacío, tras un seco chasquido cuyo eco será lo último que llene mi cabeza. Porque después de ese eco ya no hay nada, solo un cuenco vacío de hueso. Ni palabras, ni lágrimas, ni sonrisa, ni sueño. Solo un gesto inexpresivo que se eternizará hasta el final. Tengo miedo de que ese último recuerdo sea recordar tener miedo.

DOLOR


Siento rojo. Un rojo creciente, caliente, permanente. Son ojos como garra que acarician con uñas de cristal sin biselar. Aristas, filo, canto impreciso, mellado, astillado, afilado. Me ataca, me atrapa, me alcanza y retrocedo y me encuentra. Abrazo de mil brazos, de dientes de espino acerado y rojo de nuevo. Un pitido creciente, intenso ahora se ajusta a mi oído y lo rebasa, lo colapsa, lo traspasa creciendo, arrollando pisando. Uno, dos , tres, cuatro, cinco , seis, siete intenso rojo. Me desborda y no lo contengo . Solo hasta tres, solo hasta tres, solo hasta tres la próxima vez.

Y negro amortiguado y sordo y anhelante
espera esperando el rojo de nuevo que llega dejando atrás el negro y despertando lo dormido y callado otra vez.......Uno, dos, tres, cuatro… tengo miedo, miedo de que llegue a 8.

MUERTE


Un blanco solo eso soy, ni cifra, ni nombre, ni rostro, ni voz, ni sentimiento, solo un blanco.
A eso se reduce mi fuerza y mi palabra, mis pensamientos o acciones. Buenos o malos, acertada o desafortunadas, solo son motas de polvo carentes de valor. Un puesto de tiro de feria y yo la diana. Veo la pelota que surca el aire buscando mi centro a 50 km hora. Deja una estela tras ella y corta el aire arrancando un gemido silbante. NO juega con probabilidades, ni tantos por ciento porque no necesita de ellos. Siempre acierta, siempre da en el blanco y ahora el blanco soy yo. Cuando la pelota llegue hasta mi, caeré al agua, levantando una cortina transparente y yo me perderé en la espiral que quedará debajo. No hay donde agarrarse, no hay salida y de nada sirve aceptarlo o no, solo la pelota manda y tu solo eres un blanco. Tengo miedo, tengo miedo de que llegue la pelota… y falle.